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El amor va por dentro


Playlist: 
Jenny & the Mexicats - Me Voy A Ir 
Raquel Sofia - Agua Bendita (feat. Pedro Capó) 
Pablo Alboran - Pasos De Cero 
Locución: floritura dj 
Duración de la pista musical: 11.13 min. 


Tengo ganas de salir por tu puerta sin tener que abrirla. Tengo ganas de soñar que vuelo entre las nubes sin paracaídas, sin miedos. Tengo ganas de mirarte al espejo y verte lesbiana. Tengo ganas de ver mas allá de lo que ven mis ojos. Tengo ganas de viajar por tus caderas con tarifa plana. Tengo ganas de gritar por dentro y que me oigan por fuera. Tengo ganas de decir: te quiero! Tengo ganas de correr sentada en un sillón que no sea de Ikea. Tengo ganas de sentir sin tener que tocarte. Tengo ganas de arrodillarme ante tu ombligo y echar a volar. Tengo ganas de escucharte sin tener que oirme. Tengo ganas de acabar sin tener que empezar Tengo, tengo y al final no sé donde lo tengo. Olivia/Alex Howard 

Estamos biológicamente programados para sentir a los demás, y por tanto para querer ayudarlos. Pero cuando corremos por la calle de una gran ciudad o cuando nos conectamos a la red a toda prisa es casi imposible sentir empatía. De hecho, la gente es capaz de pasar de largo en determinados trechos de las grandes avenidas urbanas aunque vea cómo están robando a otras personas. ¿Por qué parecemos de repente tan fríos? Pues porque para conectar necesitas mirar y sentir al otro, darle ese tiempo. Si pasas de largo deprisa tu cerebro prácticamente no se involucra y te da la señal de que el problema de la otra persona no va contigo. Es un mecanismo que nos ayuda a no cargar con todos los problemas del mundo, aunque puede ser tremendo porque podemos terminar conviviendo con grandes injusticias sin mover un dedo, simplemente porque estamos desconectados. Elsa Punset 

Él sabe leerme como nadie hasta ahora lo había hecho. En sus manos soy el libro del estremecimiento. Mi lector voraz me hojea mientras me acaricia el lomo, entrega un dedo a mi boca y, tras rescatarlo empapado, empieza a pasar mis páginas hasta dejarme abierta por el capítulo de la turbación. Antes de continuar, venda mis ojos. De esa manera, desde la oscuridad que amplifica los sentidos, advierto cómo unos dientes me arrancan la cordura, una lengua me inflama el deseo, un cuerpo me apaga la sed. Tinta, papel, sudor, carne. Finalizada la lectura, me suplica que done a su extensa biblioteca el ejemplar de la historia que acabo de contarle. Yo le aseguro que haré lo que me pide cuando tenga la certeza de que, a partir de mis palabras, no habrá más sherezades. Ana Muñoz de la Torre

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